Misterios, no milagro económico

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Guillermo Caram

El gobierno se ha encargado de pregonar una publicación de INFOABE, diario digital argentino, no una institución de estudios; insinuando que el país está viviendo un milagro económico cuando en realidad “el trabajo presenta opiniones de varios economistas” que analizándolo en sus entrañas más bien traducen misterios.
Esas opiniones parten del consabido crecimiento económico pero sin escudriñar en qué medida está validado por criterios erróneos, sustentado en variables nocivas, o activado por factores contingentes.
El principal misterio es que el crecimiento económico ha estado acompañado por un crecimiento más acelerado de la deuda. Mientras el PBI 2012-2018 creció 41%, la deuda creció 63%, un 34% más rápido. El sentido común sugiere que los efectos del crecimiento harían innecesario el endeudamiento. ¿Qué persona o empresa necesita endeudarse si está produciendo mucho, generando riquezas e ingresos?
Se concluye pues, que el endeudamiento ha sido causa, no efecto, del crecimiento. Lo ha insuflado. Como no podrán contarse indefinidamente, no es un criterio sano: Es insostenible.
Otro misterio radica en un crecimiento de ingresos fiscales más bajos que el PBI (26%) obtenido al deflactar su crecimiento nominal (44%), el 18% de inflación entre 2012 y 2018. Comparando ese 26% del crecimiento de ingresos con 41% del PBI, qué explicación puede haber a que se generen ingresos 63% por debajo del crecimiento económico.
Otro misterio, lejos del milagro, es la validación vía los puestos de trabajo creados cuya prioridad constituye un propósito fundamental en una sana concepción económica. Del 2014 al 2018, la ocupación creció un 14% mientras el PBI lo hacía 27%. Como no hay evidencia de que nuestra productividad laboral haya aumentado, no se entiende el misterio que la ocupación haya crecido a un ritmo equivalente a la mitad del PBI.
Resulta misterioso que un milagro económico provoque aumento del déficit en la balanza de bienes, 6.7 %, al pasar de US$8716millones en 2012 a US$9301 millones en 2018; que haya provocado caída en los que tradicionalmente hemos demostrado ventaja comparativa, productos primarios y tradicionales, reduciendo 25% exportaciones azucareras, convirtiéndonos en importadores en lugar de exportadores de café y decayendo un 11% las exportaciones industriales en esos seis años.
No entendemos cómo puede haber milagros aumentado dependencia externa al pagar rentas por inversiones extranjeras, directas y financieras, incrementadas 60% entre 2012-2018 por pasar de US$2466 millones a US$3958 millones; en circunstancia que los pagos del servicio de la deuda del sector público no financiero promediaron US$4500 millones/anuales en esos años. En 2018 dedicamos US$8458 millones-40% de exportaciones, turismo y remesas- para pagar rentas de inversiones e intereses de préstamos.
Más que milagro económico, observamos misterios en nuestra economía.