Guillermo Caram; Política centrada y equilibrada

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Por Guillermo Caram

La nación, nuestra democracia, necesita políticos que propicien políticas centradas y equilibrados para encarar adecuadamente incertidumbres, turbulencias, radicalizaciones, simplismos, confusiones e insustancialidades imperantes.

Debemos superar esas amenazas que penden sobre nuestra sociedad si aspiramos inscribirnos en la nobleza y deber ser de la política que nos inculcara el forjador de nuestra nacionalidad. Y tomar la antorcha de relevo legada por Balaguer, Bosch y PeñaGómez.

Duarte enseñó que la política no es especulación, sino “la Ciencia más pura y la más digna, después de la Filosofía, de ocupar las inteligencias nobles” expresión identificada con pensadores sublimes y excelsos contemporáneos; lo cual puede constatarse en el libro que recoge la “ENCUESTA DE LA UNESCO SOBRE LOS FUNDAMENTOS FILOSÓFICOS DE LOS DERECHOS HUMANOS” ordenadas por esa institución previamente a la elaboración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1947; el cual fue prologado por Jacques Maritain sosteniendo una concepción de la política similar a la del Padre de la Patria.

De los méritos de los líderes dominicanos del siglo XX destacamos haber cultivado equilibrio centrado del quehacer político frente a extremismos. Hicieron posible superar resentimientos de dictadura y guerreas como no lo han alcanzado otras naciones más civilizadas, siendo España y Chile ejemplos fehacientes de cómo no se han podidol restañar heridas provocadas por dictaduras y guerreas.

De Balaguer recordamos su admonición al tomar posesión en 1966: “No he venido a ponerme las botas de Trujillo”. Incluyó Boschistas derrotados en las elecciones de donde emanó como Presidente electo de la República en democracia en su gabinete. Detuvo asonadas militares en 1978. Viabilizo participación institucionalizada de partidos opositores en 1986. Cedió a presiones en 1996 para evitar que las confrontaciones políticas alteraran la paz.

Bosch hizo ver en 1962 que nuestra dicotomía no era trujillismo o antirujillismo, sino disparidades sociales. El “borrón y cuenta nueva” llegó a provocarle adhesiones trujillistas y anatemizaciones  de extremistas. Autorizó cercanos colaboradores suyos formar parte del primer gabinete Balaguerista.

Cuando conocí personalmente a Peña Gómez durante las negociaciones para crear condiciones equilibradas en las elecciones de 1970, quedé impresionado de su aura pacifista privada contraria a la “tierra arrasada” que postulaba públicamente. Al observarle mi impresión, su respuesta, gestual y verbal, fue que había que administrar un partido tan grande como el PRD de entonces recurriendo al equilibrismo. Su mensaje a adversarios “yo los perdono” confirmó virtudes centradas no obstante ser el líder dominicano por excelencia en la exacerbación de las masas.

Por esas actuaciones centradas y equilibradas de esos líderes, se recuperó la capacidad de socializar, premisas para la concertación ,entre políticos dominicanos; que la dictadura(1930-1961) y las guerreas(1965) habían separado en forma tan extrema que se manifestaban en eventos sociales donde cada partidario se mantenía alejado de otro.

La nación ha superado pues, dicotomías en las etiquetas entre trujillismo vs antitrujillismo, revolucionarios vs conservadores, gracias a políticos inscritos en el equilibrio centrado.

Pero no ha superado algo de lo más sustancial en el quehacer político: las disparidades sociales provocadas por distorsiones económicas originadas en fiscalidades endémicamente deficitarias; desafío a superar por la presente generación de políticos, con el agravante que encuentran una nación amenazada por una potencial confrontación como anticipan la celebración de dos marchas contrapuestas el pasado domingo 24/11 en ocasión de los días de la familia y la no violencia contra la mujer

Y dentro un sistema político, electoral y de partidos,  complicado y confundido, difuso y confusor, que pone en peligro la factibilidad de cambiar el mal camino por el que vamos.